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mi nombre en clave es palmera

El miércoles cumplí años. Me toca cerrar el año vital junto con el cultural, me quema un poco.
Ahora en El país de la dama eléctrica -novela que me debía hace pfffffffff- el rockerito pelirrojo de Cohen tiene ¿visiones?, ¿amigos imaginarios?, ¿esquizofrenia? entre las cuales detacan Hendrix, Jim Morrison y Janis Joplin. Y resulta que la flashea porque Jimi y Jim eran de Sagitario. Y me pasa leer esas cosas y pensar si debería haberme venido algo del "aura" sagitariana desde la cuna, si ya la tengo, si va a crecer o si somos el puro no del ego los sagitarianos (girondiana más que freudianamente hablando)
Bueno, me sigue flasheando que mi imaginario sea tan parecido al de Cohen y que hagamos con eso cosas taaan distintas y bueno, perdón por compararme, grandes me quedan sus zapatos. Y lo voy leyendo al revés, me lo juro, pero parece que se lo robara todo a él: el rock, los astros, las islas, el café con leche. Todo

la mano izquierda

Estaba pensando en Aliano, el protagonista de Donde yo no estaba: me vino a la memoria su manía -casi- de querer hacer cosas con la mano izquierda siendo él diestro. En su intensa (¿desesperada?) búsqueda de una espiritualidad en la que encaje, desengañado de las religiones oficiales, piensa en desarrollar su hemisferio derecho y entonces, aquejado por tremendas jaquecas, comienza a meterse supositorios medicinales en el culo con la mano izquierda, cada vez con mayor dominio. La novela, que es su diario, registra esos detalles que para mí son enormes y para Aliano también porque de eso están hechas las personalidades, de detalles (hermosos y horribles) Pasan otras cosas en la vida de Aliano que le van robando cada vez más protagonismo a esas búsquedas de su yo en proceso de despersonalización que pretende desubjetivarse metiéndose cada vez más dentro de él, paradójicamente. Su despersonalización (el abandono de su yo neurótico) adviene en el colmo de su fama pero al mezclarse con los otros.
Pero en fin, la cosa es que el hijo de Aliano toca música realista, una especie de música de la isla que a Aliano le parece un enigma y más aún la pasión de su hijo por ella y la vida ascética que llevan los músicos dedicados a ese género. Y piensa en otra música, pero la cosa es que quiere ejercitar su mano izquierda y nunca se le ocurre tocar un instrumento, el modo más occidental que se me ocurre de empezar a desarrollar ese hemisferio. Son esas pequeñas tragedias en las que nos alejamos de lo que más cerca teníamos, de la respuesta que podíamos empezar a buscar por acá nomás. Aliano no se pone a tocar un instrumento y yo me puse a tocar uno y cada pequeñísimo logro es enorme porque me acerca más a ese aspecto menos explorado de mi cerebro. Decía Héctor Viel Témperley "voy hacia lo que menos conocí en mi vida, voy hacia mi cuerpo" (seguro que cito mal, de memoria) Voy hacia lo que menos conozco de mí misma, voy hacia esa parte de mi cerebro que no es necesariamente mi intelecto.
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