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costumbre

cuando los amigos se vuelven medio locos. y se borran. y se ponen a monologar. y ya no parecen entender lo que entendían.

y después se les pasa. o no. y los andamos recordando. la intolerancia al cambio es la mayor tragedia.

ahora, si pudiera fumar, escribiría un poema pero tomo mate en mi casa, me quedé. hasta llovió hoy y arriba del equipo de música duerme mi gatita enana.
Anoche, en la inauguración de Berbedel, charlamos con Charly Gr. sobre el catering (mientras nos clavábamos el décimo chip con jamón, queso y tomate), en particular sobre el pebete porteño (pero no de los dulces muchachos sino literalmente de la delicia de panificación esa que con jamón y queso acompaña tardes de facultad, almuerzos rápidos de microcentro o cafés con leches de cafetines porteños) Dije: "No hay caso, los panaderos neuquinos no saben cómo hacer un buen pebete, en cambio en la provinica de Bs As son todos especialistas". Más allá de la poca intensidad de mi reflexión, tuve una pequeña epifanía de mi amor por ciertas cosas bonaerenses que no cambio por nada. Si habremos pateado con mamá panaderías neuquinas y rionegrinas buscando el ideal, el Pebete, la ballena blanca del goloso adepto a la panificación. Pero siempre eran demasiado sosos, o secos (problema atribuible, claro, a una cuestión climática); nunca esa cobertura semidulce que le da ese toque agridulce, nunca esa miga tan rica. Terminábamos resignándonos al pan francés y esperando vistar Buenos Aires para llevar una buena dotación y ponerla en el freezer.

y de vuelta volver de vuelta

De Mendoza, ciudad que no conocía, me quedó la impresión vaga de que todo es demasiado perfecto y, a la vez, de que todo está mal (vamos, vivimos en una argentina empobrecida y nos amontonamos como podemos en ciudades tercermundistas, ¿de dónde sale esta ciudad tan divina?). Veredas relucientes a fuerza de lampazos, limpieza, gente atenta aunque distante, todo lo que pude ver de la ciudad me hizo acordar a Olivos o Martínez.
Había una villa a la vista, sin embargo, rodeando el campus de la UNCu ("No caminen solos por ahí", "No se les ocurra salir del parque San Martín de noche a pie", etc) ¿Qué puedo decir? Vi poquísimo: poca ciudad, pocos jóvenes (se van a Godoy Cruz me dicen), como para opinar con firmeza pero claro, si para que la ciudad esté tan linda han construido mini campitos de marginados todo alrededor, entonces la hipótesis de que quizás está todo mal no esté tan alejada de la verdad. De hecho, haber visto a dos canas con perros policía en la Plaza Independencia el sábado a la tarde mientras los niños correteaban por la plaza no fue la mejor de las imágenes posibles. Tampoco fue mejor la que me formé después de hablar con los chicos de las revistas mendocinas (La rosa de cobre y Bicho bolita)
La gente que organizó el 3º encuentro, las chicas, realmente me asombraron por haber sostenido el impulso y la convicción de organizar esto más allá de la apatía o el casi nulo interés que demostraron compañeros y docentes. Lo hace doblemente valioso, creo.
El Encuentro muy interesante, las ponencias que escuché sumamente serias en sus planteos, los debates constantes en torno a los temas. En fin, superó mis expectativas, y eso que eran altas.
Buena experiencia, lo testifican las fotos, síntomas del clima de camaradería de la buena que se respiró en el grupo de Buenos Aires en general.
Y además, para leer una crónica en serio, no como esta, mejor remito a la minuciosa de Vicente que pueden leer haciendo click acá.
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